lunes, 31 de marzo de 2008

Empezando juntos la aventura de seguir a Jesús

(Reflexiones a partir del Retiro anual en Lurín y al comenzar esta aventura. Renzo)
No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino? (Lc 24,32)
La lectura del texto de los caminantes de Emaús (Lc 24, 13-35) ha servido para motivar el inicio de esta gran aventura. Al igual que los discípulos queremos que el camino sea la escuela en la que el mismo Jesús Resucitado nos enseñe a ser felices, nos muestre la tarea, la misión y objetivos a cumplir. El camino se convierte en la imagen ejemplar del seguimiento. El verbo "seguir” (ákolouzein) aparece 90 veces en el Nuevo Testamento, de ellas 79 en los evangelios. Pues bien, de esas 79 veces, en 73 casos el verbo tiene una relación directa a Jesús. Es decir cuando los evangelios hablan del seguimiento, se refieren a Jesús mismo y a Jesús solamente. En los evangelios no se habla de seguir una ideología, unos principios teóricos, unas verdades, unas normas, ni siquiera un determinado proyecto.
Por lo tanto, el seguimiento no consiste en un convencimiento doctrinal o en un propósito firme de la voluntad, sino que consiste fundamentalmente en una experiencia concreta: la del encuentro personal con Jesús. No se trata sólo de estar persuadidos de quién es Jesús ni de tener el firme propósito de seguir el Evangelio y las enseñanzas de Jesús. De lo que se trata esencialmente es de sentirse atraído y hasta arrastrado por la experiencia personal de Jesús, que esa atracción sea lo que determina nuestras opciones y nuestros rechazos, lo que hacemos y los que dejamos de hacer.
Al fin de cuentas, se trata de la experiencia esencial de la vida, de la experiencia del encuentro, no con “algo” sino con “Alguien”. Esto es lo importante: convencerse de que Jesús no es una idea o un proyecto, sino una persona viviente, con la que yo me puedo relacionar hoy, aquí y ahora. De esta manera, mi relación con Jesús esta abierta a cualquier posibilidad, a cualquier destino, a cualquier proyecto, pero siempre en camino. Cuando el ser humano se siente arrastrado por Jesús, de tal manera que eso le puede llevar a cualquier sitio, he ahí el centro mismo de lo que es el seguimiento. “Caminante no hay camino se hace camino al andar…”
Pongámonos en marcha.